Y así volviste, entraste por mi ventana como escabulléndote del sórdido aullido de la ciudad, como si mis brazos fueran tu guarida en el tiempo. Y yo con mis ropas de dormir, en pantuflas, comencé a reír. Entonces me besaste, suave, a través de las cortinas, mientras mis ojos se llenaban de lágrimas sin sentido, o con más sentido que nunca. Nos dejamos caer sobre la alfombra, juguetones, y me miraste como descubriendo algo nuevo en mi cara. “Es que me agarraste desprevenida, y con el alma en la mano”. Nos dormimos en un abrazo, conscientes de que el despertar va a encontrarnos desnudos, hasta que nuevamente nos juntemos en algún atardecer devorando recuerdos.
domingo, 30 de noviembre de 2008
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Anoche-
Me desvanecí. Fui la ráfaga que borró sus manos en la arena caliente, y dejé de ser.
Así como se evapora una gota de lluvia en el asfalto. Envuelta en el tumulto llegué otra vez hasta aquí, donde la costumbre se escurre entre mis sábanas, besa cada lunar de mi espalda, y cose un ‘hasta mañana’ en mis orejas.
Los cuerpos yacen inmóviles en la cama, mientras el sol quema un lado de las cortinas. El incorregible anhelo de esperar lo inesperable asota cada extremo de mis dedos. La degradante noticia de saber que otra vez vas a partir, casi sin despedirte, sabiendo que aquí dejas un papel al viento, un alma envuelta en utopías, y un deseo arrojado al viento.
Pero aún así, y con este nudo en el pecho, no cambiaría ni un segundo de cada noche, de cada palabra, de cada canción que alguna vez cantamos desnudos, ni de nosotros: intrascendentes, inútiles, despeinados.
domingo, 23 de noviembre de 2008
¿Como llegué acá?
Ruedan en mi mente un millón de cosas que me gustaría contarles primero: mi nombre, mi edad, mi historia, mis canciones preferidas, mis amores, mis desamores, mis amigos, mis libros. Pero todavía no se me ocurre como empezar a desandar mi vida, para poder así contarselas.
Así que por hoy, solo les doy un cálido abrazo de bienvenida, y un anhelo de refugio en sus palabras.

